Artista Invitado: Oswal
 
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El Autor: OSWAL

Hoy, puedo ya hablar de una prolongada trayectoria dentro de la Historieta. Comencé en las revistas "Frontera" y "Hora Cero", del grande Héctor G. Oesterheld, publicando algunos episodios de su personaje "Ernie Pike". Pero es en 1965 cuando entro de lleno en el profesionalismo, con dos adaptaciones de la Literatura: "David Copperfield" y "Robinson Crusoe".
Tiene que pasar un año más para que se me dé la gran oportunidad de probar con mi propio personaje, entonces creo "Sónoman", encarando argumento y dibujo, y lo publicaré por diez años ininterrumpidos.
En 1975 realizo 15 episodios de otro personaje, "El Espíritu de Mascarín", también con guión y dibujo.
Nuevos trabajos, tales como "Consummatum Est" (guión Yaqui), "Big Rag" (guión C. Albiac), "Mark Kane" (guión L. Howard), "Buenos Aires las putas y el loco" (guión S. Barreiro), fueron publicados durante las décadas de los ´70 y ´80 en España, Italia y Holanda.
En 1998, la Editorial Albin Michel, de Francia, publica el libro "Sombres Destins", con trabajos que unen mis dibujos y los guiones de E. Abulí.
Desde 1998, en colaboración con C. Albiac como guionista, realizamos "Lejos Pratt", historieta infantil.
A lo largo de mi carrera he incursionado en la Ilustración Editorial y Publicitaria, y en éste último campo también realizando Dibujos Animados por un largo período. El resto de mi tiempo lo dedico a la docencia enseñando Dibujo y, lógicamente, Historieta.
 
La Obra: El Espíritu de Mascarín
 


Mascarín! Qué época! Lo comencé en 1974 para la revista "Chaupinela". "Mascarín", o mejor aún, "El espíritu de Mascarín", tal el nombre completo de la serie, fue experimental y por lo tanto un desafío. Para mí la historieta es narrativa y se liga con la literatura; en segundo término, con el dibujo.
En realidad el dibujo de historieta es para ser leído: su obligación es contar, reemplaza textos y se combina con los globos, los explicativos y las onomatopeyas, que a su vez asumen un intenso sentido gráfico, para decirnos una historia.
La historieta es cine detenido y por ello resulta hondamente sugestiva: sugiere la vida, la acción, la realidad, los ruidos, las voces, todo ! Relatar empleando la técnica de la historieta requiere justeza y en eso se parece a la poesía.
Por supuesto que estoy hablando de llegar a la maestría, y por algo reconocemos Maestros ! Y más aún, cuando digo historieta, la abarco desde Breccia a Quino; desde Hugo Pratt a Schultz con su fantástico "Snoopy", y al increíble "Popeye" de Segar.
La historieta es algo que se puede oler, captar. Frente a una sucesión de cuadros nos damos cuenta si sólo exhiben dibujo o si está transcurriendo una historia frente a nuestros ojos, que puede palparse, sentirse ... y saben por qué? porque la historieta es tiempo, una sensación de tiempo que fluye. Si esto no ocurre, lo mejor que puede hacerse con esa cantidad de cuadritos, es tirarlos a la basura.
En "Mascarín" me propuse encarar la narración con el temperamento de un cuentista. No era fácil porque sólo tenía dos páginas, así que me dije: "no quiero que se vea dibujo sino que se lea dibujo, y para ello no es necesario el gran tamaño".
Dividí las páginas en 5 tiras y no menos de 4 cuadritos por tira, y eso hizo un total de unos 20 cuadros por página, y como eran dos: 40. Un montón. Tenía que simplificar si no quería marear al lector. Además, quería que esos 40 cuadritos fueran esenciales, es decir, los que restaban luego de un proceso de simplificar una historia mucho más larga, a veces casi el doble de lo que resultaba al final. Entonces empezaba el proceso de descartar cuadros, aquellos de los que era posible prescindir sin que se perdiera el hilo narrativo. Las primeras eliminaciones eran fáciles. Sacar 10 ó 20 cuadros no exigía mucho, pero, generalmente, cuando ya tenía un total de 60 o 55 cuadros, seguir descartando ponía en peligro la comprensión de lo que estaba pasando. Y sin embargo, había que quitarlos a toda costa para dejar los 40 definitivos de esas dos páginas ! Era el trabajo más arduo, me costaba días modificar encuadres, decir más con menos, pero era lo más lindo y cuando lo lograba, entonces llegaba la satisfacción incomparable: me sentía autor. "Mascarín" salía quincenalmente y 15 días me llevaba realizarlo: argumento, guión, dibujo, letrado y color. Todo el proceso de planeamiento y adecuación del guión que he descripto, duraba no menos de 12; los 3 restantes los dedicaba al dibujo de las páginas, que más de una vez finalizaba en la Editorial, el día de la entrega. Además, "Mascarín" significó otro desafío: gráficamente el personaje no existía, no tenía imagen propia, una imagen reconocible que lo fijara en la mente del lector. El tercer desafío era el tipo simbólico que él protagonizaba. Mascarín, el personaje, pretendía la pequeña justicia, ésa que nos falta todos los días, ésa que no tratan los abogados, ni los jueces, ni los tribunales. Los injustos, los indiferentes, aquellos a quienes les importa poco del otro, eran el motor que accionaba su bronca y despertaban su afán de poner las cosas en su lugar.
Y una última reflexión: yo nunca supe quién era él y no podría explicarlo de ninguna manera. Muy pronto comprendí que si le buscaba una explicación de su cambio de imagen, o una definición de su sexo, o una determinación de su edad, no hubiera podido realizarlo. Salvo su naturaleza humana, ese algo, esa cosa llamada "Mascarín", fue una incógnita absoluta, total, tanto para los lectores como para el autor."

     
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